Tiempo
Sentado, y un cigarrillo,
bocanada tras otra
consumíos todos.
La fuerza de una abreviatura,
una etiqueta; banal, inerte.
¿Qué nos hace seguir?
¿Meditar? ¿Mentir?
Blasfemias.
Cuerpos, herejes, pasados.
Cuerpos, iluminados, presentes.
¿Meditar? ¿Mentir?
Blasfemias.
Cuerpos, herejes, pasados.
Cuerpos, iluminados, presentes.
Son como el humo,
sinceros, mortales,
todos etéreos, todos pasantes,
como la piel marchita
de una mujer marchitándose...
sinceros, mortales,
todos etéreos, todos pasantes,
como la piel marchita
de una mujer marchitándose...
El corazón pesa frente a las heridas.
Los transeúntes se reúnen
frente a una virgen,
las cenizas, el credo,
un dogma olvidado
carente de tiempo.
El corazón muere entre amores perros.
Se levantan,
bocanada tras otra
aviváos todos.
Prontos a una nueva hora,
reluciente; engañados, sinceros.
bocanada tras otra
aviváos todos.
Prontos a una nueva hora,
reluciente; engañados, sinceros.
Y se repite, una y otra vez, a tiempo.
Texto por Mario Zaplana
Pintura: La Persistencia de la Memoria (1931) - Salvador Dalí

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