El amanecer de un beso
Cuando el punzante frío ataca, colmillos helados dispuestos, desgarra piel y carne, calando temblorosos huesos. Cuando el ausente tacto pesa, nula presencia arropada en suspiros... Heme aquí, acallado... Heme aquí, dormido... Y caigo en cuenta del sonido de un corazón deambulante que Extraña situación en la que me encuentro ¿Renombras el amor primero? La fascinación de hombres y de musas, cual vibrante anomalía tardía ¿Fue profundo el dolor? ¿Fue el corte certero? Las piezas caen de un tablero dispuestas a jugar de nuevo, a revelar, a servir Amor verdadero... Y heme aquí, postrado... Y heme aquí, sincero... Ante el arte de lo abstracto, de un lienzo incompleto; compartidos trazos libres de cómplices bailando, ante el Destino y el Tiempo, que cautivados quedan a la espera El amanecer de un beso. Texto por Mario G. Zaplana V. Pintura: Le lit (1892) por Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Montfa