Otra vez y de nuevo.
Amenazas con dejarme ciego,
pobre corazón. cuerpo adolorido,
carente de las caricias que susurraban sobre mi piel
que eras mía en aquellas noches de incansable
Deseo
tu amor y tu calor de vuelta,
el laberinto de tus pensamientos,
de tu obsesión por decirme que me acabarías rompiendo,
y la mía por recoger mis pedazos y regresar a tu templo,
a tu hogar,
a nuestro paraíso de risa y
Ensueños,
como repeticiones infaltables sobre una almohada
que guarda las cicatrices que doblegaron mi estructura carente de dueño,
carente de amor externo
y que me obligaron a buscar la validación en otras mentes,
en otros cuerpos,
en seres que amaban con un amor tan roto como de roto tenían su roto centro.
Cacofonías inexactas
tratando de descifrar rompecabezas complejos,
acertijos perfectos
que ya no alcanzo a ver, pero que
Siento
tantas cosas aún,
que dentro de mí que están sucediendo,
acabando con esa esperanza de fundirnos en nuestro aliento.
¿Qué sucedió, entonces, cuando quisimos querernos,
cuando volví a por ti, a por nosotros,
a recuperar lo nuestro?
Nada. Otra vez y de nuevo.
La profecía del fin que recita que estoy maldito,
la enfermedad que devora mi agrietada existencia...
¿Cómo puede sentir tanto un ser tan frágil?
Tan condenado a no seguir existiendo.
Supongo, asumo...
que este es mi castigo por tratar de vivir entre los vivos,
por aferrarme a su tiempo
y hacerles amar algo tan indurable,
tan perecedero,
tan muerto por dentro.
Y si en algún momento caigo,
si me fragmento,
esta será la evidencia de que traté de vivir,
de amar, de sentir y de ser sincero.
Quizá, sí, demasiado sincero.
Texto por Mario G. Zaplana V.
Comentarios
Publicar un comentario