Al esperar
¿Qué estás haciendo?
Acaso te acercas, ignorante de tu fracaso certero,
mientras caigo a pedazos observando la falsedad de tu actos...
Eres solo mímica, una fantasía,
sin saber siquiera por donde empezar, me has fallado de nuevo.
Te consumes como un fuego que yace extinto hace milenios...
Déjame en paz, déjame ser
mientras follas tus morbos, tu dolor y te autocompadeces;
caen los astros y las lunas, y muere en mi la fe continua...
Sé que he muerto, sé quien soy,
Sé que el dolor pesa y la pena cae mientras en ti se arrastra
como una lepra paralela, colándose entre la piel que amamos...
Ya no hay más, no hay palabras
y adolecemos las acciones y los cambios que alguna vez prometiste,
y adolezco las acciones y los cambios que nunca realizaste...
No luchaste, no lo diste todo...
dejaste en tu palacio tu corona, pero en realidad eres una plebeya
y yo creí adorarte mientras me abrumabas con tu inercia y tu impaciencia
de plácidas miradas
que enloquecieron mis sentidos cuando vi que no eran nada
mas que reflejos inexpresivos de un alma aun incompleta e intachable,
renegada e inexperta
en cuanto a temas pasionales, animales, inherentes del instinto humano
que quizá no sientas y quizá no quieras o quizá no tengas
dentro de estas cuatro paredes a las que llamamos hogar
solo hasta el momento en el que olvidas que tengo una vida en sufrimiento detrás y dentro mío.
Texto por Mario G. Zaplana V.
Acaso te acercas, ignorante de tu fracaso certero,
mientras caigo a pedazos observando la falsedad de tu actos...
Eres solo mímica, una fantasía,
sin saber siquiera por donde empezar, me has fallado de nuevo.
Te consumes como un fuego que yace extinto hace milenios...
Déjame en paz, déjame ser
mientras follas tus morbos, tu dolor y te autocompadeces;
caen los astros y las lunas, y muere en mi la fe continua...
Sé que he muerto, sé quien soy,
Sé que el dolor pesa y la pena cae mientras en ti se arrastra
como una lepra paralela, colándose entre la piel que amamos...
Ya no hay más, no hay palabras
y adolecemos las acciones y los cambios que alguna vez prometiste,
y adolezco las acciones y los cambios que nunca realizaste...
No luchaste, no lo diste todo...
dejaste en tu palacio tu corona, pero en realidad eres una plebeya
y yo creí adorarte mientras me abrumabas con tu inercia y tu impaciencia
de plácidas miradas
que enloquecieron mis sentidos cuando vi que no eran nada
mas que reflejos inexpresivos de un alma aun incompleta e intachable,
renegada e inexperta
en cuanto a temas pasionales, animales, inherentes del instinto humano
que quizá no sientas y quizá no quieras o quizá no tengas
dentro de estas cuatro paredes a las que llamamos hogar
solo hasta el momento en el que olvidas que tengo una vida en sufrimiento detrás y dentro mío.
Texto por Mario G. Zaplana V.
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